Se arrienda apartamento sin niños

octubre 12, 2019 Por Alexa Idarraga

Desde el día en que mis hijos nacieron, mi mayor miedo ha sido tener que enfrentar el momento en que crezcan y se vayan de casa. Imaginar la vida sin ellos, sin sus gritos, sus travesuras, sus ingenuidades, sus preguntas, me hace disfrutarlos cada día y hacer del rayón en la pared una maravillosa obra de arte y de sus gritos un hermoso concierto.

Debe ser esa una de las razones por las cuales me parece tan molesto encontrarme con este aviso “Se arrienda apartamento sin niños” una pequeña frase con un alto grado de veneno, que permite comprobar el nivel de insensibilidad al que esta sociedad del consumo nos ha sometido, la vida de un instante que nos han obligado a llevar.

Una casa de paredes impecables, orden extravagante y un silencio sepulcral que busca conservar por encima de cualquier otro bien, un par de muebles que si no lo dañan los pequeños, tal vez se lo coman los gorgojos.

Es hora de retornar a la vida simple, y esa solo se logra anteponiendo la realidad a la banalidad.

La realidad es que fuimos niños y volveremos a serlo cuando seamos ancianos.

La realidad es que en medio de una tragedia a los únicos que lloraremos será a los seres humanos.

La realidad es que cuando veamos nuestra casa, si no hay recuerdos, al final solo se reducirá a ladrillos y cemento.

La realidad es que por mucho que vivamos, no será más de 80 años por bien que nos vaya, y para que no pasemos sin
pena ni gloria debemos transferir todo lo que hemos vivido a quienes vienen siguiendo nuestros pasos.

La realidad es que los adultos somos complicados, hipócritas, poco sensibles, desagradecidos por naturaleza, no pensamos antes de hablar, herimos con facilidad y como diría la famosa frase nos ahogamos en un vaso de agua.

La realidad es que no hay nadie más sincero, más leal, más amable, más inocente, más alegre y más tierno que un niño.

En ese orden de ideas lo correcto sería decir “Se arrienda apartamento sin adultos”.